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Tema: “Ya no hay enemigos”


Tema: “Ya no hay enemigos”  .

Texto clave:  2Co 5:19: "que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación."

I. Introducción.

 Historia del rey que se preparó para destruir a sus enemigos.  

Al llegar, descubre que se han arrepentido.  

Decide no destruirlos, sino recibirlos como amigos.  

Explicación del rey: “Yo venía a destruir mis enemigos, pero aquí ya no hay enemigos míos.”

II. El corazón del mensaje.

1. El poder del arrepentimiento  

Col 2:13-14: "Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados, anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz,"

   El cambio de corazón transforma la relación.  

   Donde había  odio, ahora hay reconciliación.  

2. El verdadero liderazgo espiritual  

   No busca venganza, sino reconciliación.  

   El rey refleja el carácter de Cristo.  

3. La victoria más grande  

   No es destruir al enemigo, sino convertirlo en hermano.  

   El perdón elimina la enemistad.  

III. Aplicación práctica.

Nuestros “enemigos” pueden ser personas que nos han herido.  

pero cuando ellos se arrepienten, o cuando nosotros decidimos perdonar, dejan de ser enemigos.  

El perdón convierte la enemistad en amistad y refleja el corazón de Cristo.  

La Biblia es radical al describir nuestra condición antes de Cristo: no estábamos simplemente "alejados", éramos enemigos de Dios debido a nuestra rebelión y pecado (Romanos 5:10; Colosenses 1:21). Éramos rebeldes marchando en contra de Su Reino.

Sin embargo, el Rey de reyes no respondió con destrucción, sino con una gracia escandalosa. Por medio de nuestro arrepentimiento y Su sacrificio en la cruz, Él borró nuestro pasado, nos perdonó por completo y cambió drásticamente nuestro estatus: dejamos de ser rebeldes bajo juicio para ser llamados Sus amigos (Juan 15:15). El Rey entregó Su vida por Sus propios enemigos para transformarlos en Sus íntimos.

CONCLUSION.

“El Rey viene pronto por su iglesia.

 Si sigues lejos de Él, serás hallado como enemigo y recibirás juicio. 

Pero hoy tienes oportunidad: arrepiéntete, reconcíliate con Cristo y hazte su amigo, para que cuando Él venga te encuentre preparado.”

Romanos 5:10: “Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo…”  

Nosotros estábamos enemistados con Dios, expuestos a la condenación.  

Pero en Cristo, Dios nos reconcilió consigo mismo.  

Ya no somos enemigos, sino amigos y hijos adoptivos.  

Por lo tanto, estamos excluidos del castigo del Rey, porque el Rey mismo nos ha perdonado y recibido.  

En Cristo ya no somos enemigos, sino reconciliados con Dios.”

En pie:

El Juicio de Dios y el Escape de la Muerte

Un juicio final se aproxima y la ira de Dios está lista para ser descargada sobre un mundo en rebelión (Romanos 1:18; Apocalipsis 6:16-17). Nadie puede sostenerse por sus propios méritos ante la santidad del Rey.

Sin embargo, Dios ya nos dio la única vía de escape, prefigurada desde el Antiguo Testamento. En la primera Pascua, el ángel de la muerte pasó de largo por las casas de Israel solo cuando vio la sangre del cordero aplicada en los postes de las puertas (Éxodo 12:23).

Hoy, esa tipología se cumple en nosotros. No hay rito exterior: necesitamos la sangre de Jesucristo, el verdadero Cordero de Dios, aplicada espiritualmente en el corazón para ser librados de la condenación eterna (1 Pedro 1:18-19; Romanos 5:9).

¿Cuál es la solución?

El arrepentimiento genuino (Hechos 3:19). Al arrepentirnos, la sangre del Cordero nos cubre, la ira legítima de Dios pasa de largo y lo que merecía muerte eterna se transforma en salvación y vida. ¡Aún hay tiempo de buscar el refugio de la cruz!

Así como aquel rey no encontró enemigos porque se habían arrepentido, también nosotros estábamos enemistados con Dios, expuestos a su juicio. Pero en Cristo, Él nos reconcilió consigo mismo. Hoy ya no somos enemigos, sino amigos, hijos amados. El castigo que merecíamos fue quitado, porque el Rey decidió perdonarnos. Por eso, vivamos agradecidos, porque donde hubo enemistad, ahora hay amistad eterna con Dios.”

Invitación:

“Hoy estabas enemistado con Dios, expuesto al juicio del Rey. Pero en Cristo hay reconciliación: Él murió para que ya no seas enemigo, sino hijo amado. Ven al altar, entrégale tu vida a Jesús, y escapa del juicio, porque donde hay arrepentimiento, el Rey ya no destruye… ¡el Rey recibe!”

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soy tu hermano y amigo en Cristo Jesús David Urrea

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hasta la próxima.

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