Este análisis desglosa los argumentos del apologista trinitario Luis Carlos Reyes, examinando sus afirmaciones sobre el griego bíblico y señalando dónde su interpretación se aleja de la gramática objetiva para favorecer el dogma de la Trinidad.
El argumento central de Luis Carlos Reyes
En su exposición sobre Juan 6:38, Reyes intenta demostrar que Jesús es una persona distinta al Padre basándose en la relación entre dos verbos. El texto dice: "Porque he descendido (katabébeka) del cielo... para hacer la voluntad del que me envió (pempsantós)".
Reyes afirma que, dado que el término para "envió" es un participio aoristo, la acción de enviar ocurrió necesariamente antes de la acción de descender.
Según su lógica, si alguien fue enviado antes de bajar del cielo, ese "alguien" ya debía existir allí como una persona consciente y separada del que lo envía.
Evidencia de errores gramaticales y sesgos
1. El mito de la "preexistencia personal" por gramática
El error fundamental de Luis Carlos Reyes es pretender que una categoría gramatical (el aoristo) define la metafísica de Dios.
Si bien el participio aoristo suele indicar una acción antecedente, esto no implica que el "enviado" sea una persona distinta.
En la Biblia, el concepto de "enviar" se usa frecuentemente para referirse a la manifestación de un propósito o a la delegación de autoridad.
Por ejemplo, en Juan 1:6 se usa el mismo concepto para Juan el Bautista ("hubo un hombre enviado de Dios").
Si aplicamos la regla rígida de Reyes, tendríamos que concluir que Juan el Bautista también preexistía en el cielo como una persona espiritual antes de nacer, lo cual contradice toda la Escritura.
2. La confusión entre el Logos y el Hijo.
Reyes comete un error de interpretación al no distinguir entre el Logos (la Palabra eterna, que es Dios mismo) y el Hijo (la manifestación humana en el tiempo).
El texto griego no dice que "el Hijo" (como persona segunda) descendió.
Dice que "Yo" (Jesús, el Logos hecho carne) descendió.
Al forzar el término "Hijo" en la preexistencia, Reyes introduce un concepto dogmático que el texto de Juan no menciona.
El "envío" se refiere a que la Deidad se manifestó en la carne con un propósito específico, no a un viaje espacial entre dos entidades celestiales.
3. Las mentiras sobre la exclusividad del Aoristo
Reyes presenta el griego como si fuera una ciencia exacta que solo admite la interpretación trinitaria, lo cual es una mentira técnica.
El participio aoristo en el griego koiné es altamente flexible. En muchos contextos, puede indicar una acción simultánea o simplemente describir la naturaleza de la persona (el "Enviador").
Al citar a gramáticos como Daniel Wallace de forma selectiva, Reyes oculta que esos mismos manuales reconocen que el tiempo en el participio es relativo y depende del contexto teológico del autor, no de una regla matemática.
Inconsistencias en su interpretación
Luis Carlos Reyes utiliza una técnica llamada eiségesis, que consiste en leer el texto a través del lente de su doctrina previa. Sus errores de interpretación son evidentes cuando:
Ignora el simbolismo del "descenso": Jesús también dice que el pan del cielo descendió (Juan 6:51). El maná no era una persona, era una provisión divina.
Al igual que el maná, Jesús es la provisión de Dios enviada desde Su propio ser.
Fuerza una división de voluntades: Reyes enfatiza que hay "dos voluntades" (la del que envía y la del enviado). Sin embargo, Jesús aclara en el mismo evangelio que él y el Padre son uno y que las palabras que habla no son suyas, sino del Padre que mora en él. Reyes intenta crear una separación de personas donde la Escritura muestra una distinción entre la humanidad del Hijo y la divinidad del Padre.
En conclusión, el análisis de Luis Carlos Reyes es un uso sofisticado de la gramática para "disfrazar" un dogma. Utiliza términos como "perfecto" y "aoristo" para dar una apariencia de rigor académico, pero sus conclusiones ignoran el uso hebreo del envío y las propias aclaraciones de Jesús sobre su identidad como la manifestación única de Dios.
Para entender el error del apologista Luis Carlos Reyes, lo mejor es mirar cómo se traduce ese mismo participio aoristo (πέμψας pempsas) y el concepto de "enviar" en otros pasajes donde no se trata de una supuesta "segunda persona" de la trinidad. Esto demuestra que el "envío" no implica preexistencia personal.
Aquí tienes tres ejemplos contundentes:
1. Juan 1:6 El envío de Juan el Bautista
"Hubo un hombre enviado (apestalmenos) de Dios, el cual se llamaba Juan".
Si usamos la lógica de Reyes en Juan 6:38, tendríamos que decir que Juan el Bautista existía físicamente en el cielo como una persona distinta antes de su nacimiento, porque fue "enviado de Dios". Nadie sostiene eso; todos entendemos que su "envío" se refiere a su comisión y autoridad divina.
Luis Carlos Reyes ignora convenientemente que el lenguaje de "envío" en el pensamiento hebreo define el propósito, no la ubicación previa del enviado.
2. Salmo 107:20 El envío de la Palabra
"Envió su palabra, y los sanó".
En el griego de la Septuaginta (LXX), se usa una estructura de envío similar. ¿Significa esto que la Palabra era una persona que viajó por el espacio desde el cielo? No. Significa que el poder de Dios se manifestó para actuar.
Reyes intenta "personificar" el envío de Jesús para encajarlo en su dogma, pero cuando la Biblia habla de enviar la Palabra o el Espíritu, se refiere a la extensión del propio ser de Dios.
3. Juan 13:20 El envío de los discípulos
"El que recibe al que yo enviare (pempsō), me recibe a mí".
Aquí Jesús usa la raíz de la misma palabra que Reyes analiza.
Si un discípulo es "enviado" por Jesús, ¿significa que el discípulo preexistía dentro de Jesús antes de ser enviado?
Es absurdo. El envío establece una relación de representación. El enviado representa legal y espiritualmente al que lo envía.
El error gramatical de Reyes puesto en evidencia
Luis Carlos Reyes insiste en que el participio aoristo obliga a una separación de personas. Sin embargo, en la gramática griega, el aoristo es el tiempo "indefinido". Su función principal no es marcar el reloj, sino la naturaleza de la acción.
Al decir "el que me envió", Jesús está identificando al Padre como la fuente de su autoridad. Reyes miente al decir que el griego impide ver esto como una manifestación de Dios mismo en carne.
Lo que la gramática realmente dice es que el acto de enviar es un hecho concreto, pero no dice absolutamente nada sobre si el enviado era una persona distinta "antes" del envío.
En resumen: Luis Carlos Reyes toma una regla gramatical general, le quita sus excepciones y la usa como un "mazo" para golpear interpretaciones que no encajan con su doctrina trinitaria. Su análisis no es una traducción, es una manipulación teológica.
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