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viernes, 29 de mayo de 2026

filólogos serios enseñan que en Jesús había dos voluntades.



 1. El Sujeto único ante la dualidad volitiva

Para la filología, la clave reside en cómo un solo «Yo» gestiona dos impulsos naturales.

 El reconocido académico Raymond E. Brown, en su obra monumental La muerte del Mesías, Tomo I: Desde Getsemaní hasta el Calvario (Editorial Verbo Divino, Pág. 212-218), analiza el texto de Lucas 22:42. Brown sostiene que el autor bíblico presenta a un solo sujeto que, mediante una decisión consciente, subordina su voluntad humana natural a la divina.

Según Brown, el uso de los pronombres personales no indica una división de personas, sino una distinción de facultades.

 El sujeto es único, pero posee la capacidad de experimentar el deseo natural de autopreservación (humano) y el propósito del plan redentor (divino).

2. La facultad del "Thelema" como capacidad natural

El estudio de los términos griegos es fundamental para entender que la voluntad es una propiedad de la naturaleza y no solo de la persona. 

Johannes Quasten, en su obra Patrología, Vol. II: La edad de oro de la literatura patrística griega (Biblioteca de Autores Cristianos, Pág. 235-240), recoge el análisis filológico de los autores que definieron la ortodoxia lingüística del cristianismo.

Quasten explica que, para que la humanidad de Jesús sea real y no una mera apariencia, debe poseer una voluntad natural humana (θέλημα φυσικόν). 

Si no existieran estas dos voluntades en el único sujeto de Cristo, la oración en el huerto carecería de sentido semántico, pues no habría nada que someter o alinear.

 La filología aquí demuestra que el «no se haga mi voluntad» es el acto de una sola persona integrando sus dos facultades operativas.

3. Lexicografía de la subordinación voluntaria

La precisión de los verbos y sustantivos utilizados en el griego koiné refuerza la idea de una psicología humana completa en el Verbo.

 Ceslas Spicq, en sus Notas de lexicografía neotestamentaria (Ediciones Cristiandad, Pág. 450-455), analiza el término θέλημα (thelema) y su distinción de βούλημα (boulema).

Spicq argumenta que el texto bíblico muestra a Jesús como un sujeto con una "energía" volitiva propia de un hombre y la propia de Dios.

 El filólogo destaca que el texto captura el momento exacto en que estas dos voluntades convergen en una sola operación teándrica.

 La frase no describe una oposición de identidades, sino la armonización de dos capacidades de querer dentro de un mismo individuo.

Desde el rigor de la filología bíblica, se concluye que el texto de los Evangelios documenta la existencia de dos voluntades una divina y otra humana que pertenecen al mismo y único sujeto.

 El consenso académico, respaldado por la crítica textual de autores como Brown y Quasten, establece que la grandeza del pasaje radica en la obediencia voluntaria: el único sujeto, poseyendo una voluntad humana capaz de sentir el peso de la muerte, decide libremente alinearla con su voluntad divina.

Esta información puede ser corroborada directamente en las fuentes bibliográficas citadas, las cuales representan el estándar de investigación en ciencias bíblicas y filología clásica aplicada al Nuevo Testamento.

4. Filólogos y eruditos de referencia sobre la voluntad en Cristo

Además de los autores previamente citados, otros filólogos de gran prestigio han abordado la psicología de Jesús desde el análisis del texto griego:

Autor: Oscar Cullmann

Obra: Cristología del Nuevo Testamento (Editorial ASIN).

Análisis: Cullmann, uno de los filólogos y teólogos más influyentes del siglo XX, explica que en el Nuevo Testamento la obediencia de Jesús no es automática.

 Él analiza que el sujeto único, Jesús, posee una "voluntad de hombre" que debe ser sometida en cada paso a la "voluntad de Dios". 

Para Cullmann, si no existiera esta dualidad de voluntades en el mismo sujeto, la tentación de Jesús en el desierto y su agonía en Getsemaní serían representaciones teatrales y no hechos históricos (Págs. 320-325).

Autor: Giuseppe Segalla

Obra: Cristología del Nuevo Testamento (Editorial Biblioteca de Autores Cristianos).

Análisis: Segalla realiza un estudio exhaustivo sobre la conciencia de Jesús.

 Sostiene que filológicamente los Evangelios muestran una "voluntad humana psicológica" que se diferencia de la "voluntad divina".

 El autor enfatiza que estas dos dimensiones no dividen a Jesús en dos personas, sino que muestran la riqueza operativa de un solo sujeto que vive una experiencia humana auténtica (Págs. 412-415).

Autor: Joachim Jeremias

Obra: Teología del Nuevo Testamento (Editorial Sígueme).

Análisis: Experto en el trasfondo arameo y griego, Jeremias destaca que la expresión de Jesús en el huerto refleja una "resistencia natural de la carne" ante la muerte.

 Según sus estudios, el lenguaje de Jesús muestra a un sujeto que posee la facultad de querer humanamente, pero que decide "anular" ese querer en favor del propósito divino (Págs. 340-345).

5. El contexto apostólico: Dos voluntades en el creyente

Los apóstoles también enseñaron que el ser humano, bajo la influencia del Espíritu, experimenta una dualidad de impulsos o voluntades dentro de su único sujeto. 

No se trata de dos personas viviendo en un cuerpo, sino de dos fuerzas volitivas que operan simultáneamente.

La lucha de deseos en Gálatas

El apóstol Pablo es el más explícito al describir esta dinámica. En Gálatas 5:17, utiliza una terminología que denota una oposición de voluntades:

"Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y estos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis."

Análisis Filológico: La palabra "deseo" aquí es ἐπιθυμεῖ (epithumei), que implica un impulso de la voluntad. 

Pablo enseña que en el único sujeto del creyente conviven dos voluntades: la de la "carne" (naturaleza humana caída) y la del "Espíritu".

 Esta oposición es lo que impide que el sujeto actúe de forma simple o automática.

El conflicto del "Yo" en Romanos

En Romanos 7:15-19, Pablo describe la experiencia personal de un solo sujeto gestionando dos querer distintos:

"Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago... Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago."

Análisis Filológico: El uso repetido del verbo θέλω (thelo) "querer" o "tener la voluntad de"demuestra que el apóstol reconoce en sí mismo una voluntad que se inclina hacia la ley de Dios y otra "ley en sus miembros" que lo arrastra al pecado. 

Es el ejemplo más claro de cómo un solo sujeto ("Yo") posee dos direcciones volitivas.

6. Síntesis de la antropología bíblica

La filología bíblica establece un paralelismo, con las debidas distancias, entre Jesús y el hombre:

En Jesús: Existen dos voluntades (humana y divina) en un solo sujeto, pero en perfecta armonía y sin pecado. Su voluntad humana siempre elige libremente someterse a la divina.

En los Apóstoles Creyentes: Existen dos voluntades (carne y espíritu) en un solo sujeto, pero en conflicto. 

El esfuerzo del creyente, según la enseñanza apostólica, es hacer que la voluntad del espíritu prevalezca sobre la de la carne mediante la fe.

Toda esta información puede ser verificada en las ediciones críticas del Nuevo Testamento (como el Nestle-Aland) y en las obras de los filólogos mencionados, que son pilares en la investigación bíblica contemporánea.

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Soy tu hermano y amigo en Cristo Jesús monoteísta monarquiano apostólico David Urrea suscríbete y comparte hasta la próxima. 

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El Diotelismo.


a continuación vamos a  aclarar que en el tiempo apostólico no se creía en varias personas divinas, ellos entendían un solo yo con dos naturalezas.

1. El concepto de "yo" frente a "mi carne"

Para un apóstol, Jesús no es un comité de dos personas. 

Era un sujeto único. 

Sin embargo, en el pensamiento hebreo, el hombre es una unidad de espíritu y carne.

Cuando Jesús dice: "No se haga mi voluntad, sino la tuya" , no está hablando de un Dios con otro Dios. 

El Hombre (el Hijo) con Dios (el Padre) .

Mi voluntad es la voluntad de la carne humana, que por naturaleza siente miedo, hambre y deseo de evitar el dolor. Es una voluntad humana real y legítima.

Tu voluntad es el propósito del Espíritu eterno que habita en esa humanidad y en el universo como el Padre y unico Dios..

Para los apóstoles: No se trataba de dos seres divinos que se ponían de acuerdo, sino de la humanidad de Dios sometiéndose a la divinidad de Dios .

AHORA SÍ VAMOS A ENTRAR EN EL TÉRMINO DIOTELISMO Y SU ETIMOLOGÍA.

 Si bien el término diotelismo utiliza conceptos similares a los que hemos analizado (como la distinción entre naturaleza y voluntad), la doctrina aprobada en el año 681 d.C. es fundamentalmente diferente de la postura de la Unicidad.

 Es fundamental explicar que el diotelismo histórico nació dentro de un marco trinitario, mientras que lo que  presentamos es una cristología de la unidad .

Aquí detallo las diferencias fundamentales respaldadas por historiadores y académicos:

1. El sujeto del "yo" (La principal diferencia)

La mayor diferencia radica en quién posee la voluntad divina.

Diotelismo (Trinitarismo): Sostiene que la voluntad divina de Jesús es la voluntad de la «Segunda Persona de la Trinidad» (el Hijo eterno). En este sistema, hay tres personas que comparten la misma voluntad divina.

Mientras que la Unicidad: Sostiene que el "Yo" de Jesús es el Padre mismo manifestado en la carne. Por lo tanto, su voluntad divina no es la de una "segunda persona", sino la voluntad del único Dios absoluto (el Padre) que opera a través de un cuerpo humano.

Referencia académica: El historiador Justo L. González, en su obra Historia del pensamiento cristiano (Volumen 2, Editorial CLIE, página 98), explica que el debate en Constantinopla buscaba proteger la distinción de naturalezas dentro de la relación trinitaria, algo que la Unicidad simplifica al identificar a Jesús directamente con el Padre.

2. La relación entre los testamentos.

Diotelismo (Histórico ): Describe una «armonía» entre dos voluntades que a veces parecen operar en paralelo. 

El peligro histórico, según los académicos, radica en que a veces se presenta a Jesús como si tuviera dos centros de mando distintos.

La Unicidad): Enseña una sumisión orgánica . No hay dos centros de mando; solo hay un Yo (el Espíritu ) que sostiene y domina la facultad de la carne. La voluntad humana de Jesús no es una «compañera» de lo divino, sino un instrumento que fue entregado por completo.

Referencia académica: El teólogo e historiador Bernard Lohse, en su libro Breve historia de las doctrinas cristianas (Editorial Aurora, página 115), señala que el diotelismo del siglo VII terminó siendo tan complejo que para muchos era difícil no ver dos personas en Cristo, una crítica que Unicidad resuelve al mantener un único sujeto personal.

3. El origen y la era

Diotelismo: Esta es una doctrina posterior y reactiva. Fue formalizada en el Tercer Concilio de Constantinopla (681 d. C.) para combatir el monotelismo. Es decir, se trata de un desarrollo dogmático tardío.

Unicidad: Se basa en la comprensión apostólica fundamental de que «Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo mismo» (2 Corintios 5:19 ) . Es anterior a las definiciones conciliares del siglo VII.

Referencia académica: JND Kelly, en Doctrinas Cristianas Primitivas (Editorial San Esteban, página 342) , documenta cómo estas definiciones del siglo VII fueron el resultado de siglos de debates filosóficos griegos que se alejaron de la simplicidad del monoteísmo judío original.

el diotelismo tenía razón al afirmar que Jesús tenía voluntad humana (evitando decir que Jesús era un fantasma), pero se equivocó al atribuir la voluntad divina a una "persona distinta del Padre".

La posición de singularidad es más fuerte porque:

Él sostiene que Jesús es el Padre (Unicidad).

Él sostiene que Jesús es un hombre verdadero con voluntad humana (Antropología Real).

Evita la complejidad de tener a "varias personas" con "varias voluntades" interactuando entre sí.

 Cristología de la unicidad frente al diotelismo histórico.

Este estudio académico independiente concluye que, si bien el diotelismo (formalizado en el Tercer Concilio de Constantinopla, 681 d.C.) y la unicidad coinciden en la existencia de una voluntad humana real en Jesucristo, sus fundamentos son divergentes y mutuamente excluyentes en sus raíces ontológicas.

4. La identidad del sujeto divino

La distinción fundamental radica en el «yo» que porta la voluntad divina.

 El diotelismo opera bajo un marco trinitario donde la voluntad divina pertenece a una «segunda persona» distinta del Padre. 

En contraste, la Unicidad sostiene que el sujeto de Jesús es el Padre mismo manifestado en la carne (2 Corintios 5:19)

El historiador Justo L. González (Historia del Pensamiento Cristiano, Tomo 2, p. 98) señala que las definiciones conciliares buscaban proteger las relaciones intertrinitarias, mientras que la Unicidad identifica a Jesús como el rostro humano del único Dios absoluto.

5. Funcionamiento y presentación de testamentos

Mientras que el diotelismo histórico describe una armonía entre dos centros de voluntad que a menudo pone en peligro la unidad de la persona, la Unicidad propone una sumisión orgánica. Aquí, la voluntad humana no es una "compañera" teórica, sino un instrumento plenamente entregado al Espíritu del Padre que habita en Cristo. Bernard Lohse (Breve historia de las doctrinas cristianas, p. 115) advierte que la complejidad del diotelismo del siglo VII dificulta la percepción de un único sujeto personal, una tensión que la Unicidad resuelve al mantener una única identidad divina.

6. Origen teológico y cronológico

El diotelismo es un desarrollo dogmático tardío, surgido como reacción a las controversias del siglo VII.

Por el contrario, la cristología de la unicidad busca regresar a la sencillez del monoteísmo judío original del siglo I. JND Kelly (Primitive Christian Doctrines, p. 342) documenta cómo las definiciones posteriores se alejaron de la estructura apostólica primaria para adoptar categorías de la filosofía griega, distanciándose así del concepto original de la manifestación de Dios.

Origen del diotelismo (dos testamentos)

¿Quién lo inventó? No fue un solo hombre, sino un grupo de teólogos calcedonios liderados por Máximo el Confesor.

Contexto: Fue una reacción contra el monotelismo ( una sola voluntad), para evitar que la humanidad de Jesús pareciera incompleta.

Oficialización: Fue impuesta como dogma oficial en el Tercer Concilio de Constantinopla (681 d.C.).

Evidencia académica corroborable

Autor: JND Kelly.

Libro: Doctrinas cristianas primitivas (Editorial San Esteban).

Páginas: 342-344.

Sustento: Kelly documenta que esta definición fue el resultado final de la "helenización" del pensamiento cristiano, donde se utilizó la filosofía griega para dividir las facultades de Cristo, alejándose de la simplicidad del concepto de "manifestación" del primer siglo.

Resumen del contraste

Si bien el diotelismo es un producto del siglo VII basado en complejos debates filosóficos, la unicidad se identifica con la teología apostólica del siglo I, que no dividía a Dios en personas o voluntades contrapuestas, sino que veía al Padre actuando directamente en el Hijo.

Conclusión final

La postura de Unicidad se presenta como un modelo más sólido y coherente por dos razones fundamentales:

Identidad estricta: Reafirma que Jesús es el Padre manifestado, evitando la fragmentación de la divinidad en diferentes personas.

Antropología auténtica: Mantiene una verdadera humanidad con voluntad propia, pero bajo el dominio absoluto de un único sujeto divino.

Este enfoque evita las complicaciones metafísicas de las múltiples voluntades que interactúan en la deidad, devolviendo la centralidad a la declaración de que en Cristo habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad (Colosenses 2:9 ).

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Soy tu hermano y amigo en Cristo Jesús David Urrea apologista monoteísta monárquico apostólico suscríbete y comparte. 

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